Las cifras de la información deportiva (primera parte)
Posted in Especiales, Prensa escrita, Radio, Televisión | By Juan Manuel del Álamo | Tags: audiencias, audimetría, información deportiva, sofres, tns
Inicio aquí, el segundo especial, que no es otra cosa más que un post largo dividido en trozos. Esta vez sale de un trabajo universitario dedicado al poder de la prensa y la información deportiva dentro de todos los géneros periodísticos, y que comenzo poniendo en duda los sistemas de medición usados por los medios en nuestro país. Nada del (de) otro mundo. Es evidente que este tipo de especiales los realizo para dar más “peso” al blog. Negarlo sería absurdo. Lean pues.
Las cifras de la información deportiva en los medios españoles (y otras cosas) 1
Sobre encuestas, estudios y otras mentiras
Es complicado saber cuál es el alcance total de la prensa deportiva en España en número de ejemplares vendidos, en números de radioyentes y en número de espectadores. Los diferentes estudios y análisis cuantitativos que se realizan en nuestro país arrojan no pocas dudas sobre sus resultados y metodología. Los menos fiables, para el gusto del que escribe, son aquellos que se sirven de la memoria de las personas (que normalmente es poca) para medir audiencias y difusiones. Como bien sabemos, las encuestas tienen un considerable margen de error, que aquellos que viven de ello intentan minimizar a un 3% o un 5%. Si a esto sumamos que son encuestas grandes, en las que los encuestados tienen que recordar muchas más cosas que un voto a un partido, el margen de error crece exponencialmente. Los encuestados, a buen seguro, confunden cadenas, presentadores, programas, e incluso medios: “Yo leo la carta del director que escribe Matías Prats en El Mundo, por la noche ceno con el telediario de Ramón García y suelo
acostarme poniendo en la radio el programa de Pedro J. Ramírez. Y suelo vestir con la ropa que diseña su mujer Carolina Herrera”.Aparte de los errores, también entra en juego el factor mentira, el factor vergüenza y el factor afinidad. Lo mismo que uno puede no querer reconocer que escucha a Losantos o que ve la película porno del Plus (para algunos ambos con contenidos igual de obscenos), otros votan un programa porque un presentador les cae bien o les atrae físicamente (factor que tampoco favorece a Federico) aunque no hayan podido ver o escuchar su programa desde hace años.
Más fiable parece el control OJD, aunque tampoco son pocas las voces que discuten su sistema de medición. Algunos hablan de que con habilidad (y buenos jamones convenientemente envueltos en papel de regalo) se pueden variar los datos considerablemente. No lo sé. Desconozco la mecánica en profundidad, pero parece ser que contar ejemplares es algo más creíble (y tangible) que una encuesta sobre lo que uno hizo o dejó de hacer en el pasado.
Sin duda, los estudios más fiables son los televisión y los de internet, aunque también hayan estado envueltos en polémicas, algunas muy recientes. Para medir la audiencia de televisión en España se usan 3.845 audímetros distribuidos por la empresa TNS-Sofres. Estos cerca de 4.000 audímetros recogen las pautas de comportamiento exactas que realizan durante las 24 horas del día algo más de diez mil individuos convenientemente elegidos en base a su lugar de residencia, su edad, su nivel de estudios o de ingresos. Estas diez mil personas representan a 42,5 millones de españoles mayores de cuatro años. Podríamos discutir si es una encuesta lo suficientemente grande, o por qué suponen que todo el mundo tiene televisión en casa. Porque este sistema lo supone desde el momento en el que pretende representar al total de la población de nuestro país. En cualquier caso, su sistema de medición parece bastante fiable, ya que se basa en realidades comprobadas y comprobables. Aparte, está planeada una próxima ampliación del parque de audímetros, que aumentará la credibilidad del estudio.
Por su parte, internet es la precisión absoluta. La red dice verdades como puños. En internet se recoge, controla y mide cada movimiento de cada usuario. No solamente se obtienen fácilmente cifras exactas del número de visitantes únicos que reciben hasta las webs más modestas, sino que se pueden obtener muchos otros datos realmente útiles: número de páginas vistas, cuáles de ellas han sido las más leídas, lugar desde el que entran los lectores, tiempo que pasan en la página, número de veces que pinchan en un banner de publicidad… Ningún medio puede igualar hasta el momento la precisión que nos ofrece internet, y seguramente esto no cambie hasta que los otros medios se digitalicen totalmente, o converjan en uno solo, que también puede ocurrir.
Esta pequeña y escéptica introducción sirve para que, en adelante, valoremos las cifras en su justa medida. Ya que seguramente aparezcan por aquí muchas cifras que no hay que absolutizar. Sí, es cierto que las cifras nunca mienten. Pero las cifras nunca mienten cuando reflejan la realidad, y eso es algo difícil de conseguir.





obvias, y demasiado amigables. Mientras, los periodistas (la mayoría afines al Gobierno, para qué vamos a negarlo) se comían las uñas esperando su turno. En todo lo que duró el espacio, los invitados pudieron realizar dos preguntas cada uno. Ni una más ni una menos. Y por supuesto con su correspondiente limitación de 59 segundos, mientras el Presidente hablaba y hablaba, en intervenciones que tranquilamente superaban los tres minutos. Esperanza Aguirre estuvo como invitada la semana pasada en este mismo programa. Por desgracia, ella no pudo disfrutar de turnos de tiempo ilimitado, sino que se vio en igualdad de condiciones con los periodistas: sus turnos eran también de 59 segundos.
ebrio al joven que agredió a una menor inmigrante en Barcelona
Que algunas mujeres pierdan su trabajo por estar en estado de buena esperanza, se debe, exclusivamente, a motivos económicos y de rendimiento. Está bien que el Gobierno mire por esas personas y por los empresarios al mismo tiempo. Pero, que un empresario no quiera que su negocio vaya bien ni es una discriminación ni necesita símbolos ni viajes innecesarios. Para rematar la borrachera progresista, la ministra Chacón añadió: “Es la misión más importante de nuestras tropas, la más alejada y la más peligrosa”. Vaya, es decir, que si se hubiera podido ir más lejos, a cruzar el Amazonas en remo, por ejemplo, lo hubiera hecho, todo por el ministerio. Ante tal dedicación compulsiva a su nuevo cargo, Joan Puig de ERC criticó que Chacón pusiera “en peligro al hijo que espera”. Por suerte para Carme y su hijo, les acompañaba un equipo médico formado por tres personas, que evidentemente pagamos los ciudadanos.
la Liga, no el Zamora”. Encima leemos “Casillas apuesta por una celebración sin estridencias”. Nada de drag-queens, “streapteases” ni orgías trasnochadas. Bien, una portada muy de As, dando más importancia al Madrid independientemente de lo que haga el Barcelona. Más o menos lo que podemos contemplar siempre en los periódicos catalanes, pero a la inversa.
Ellos le han dado voz y voto, y le han convertido en uno de los grandes protagonistas del programa. Y saben, que aunque Risto se empeñe en destapar las vergüenzas del producto que es Operación Triunfo, el programa es menos atractivo sin su presencia. Siempre estaré a favor de la autocrítica. Especialmente cuando se trata de este tipo de programas con un público con una capacidad crítica bastante limitada (no se ofenda nadie, que yo también lo suelo ver). Por desgracia, el papel de Risto tiende al desgaste. Él se esfuerza por cumplir muy bien su misión (mala baba no le falta), pero en ocasiones empieza a parecer demasiado fingido. Y no hay nada peor que un ogro fingiendo. Por ejemplo, resulta absurdo que independientemente de quién sea el concursante al que valora, e independientemente de si es nominado o no, Mejide dibuja una afilada y retorcida crítica (cuando no ofensa) en busca del espectáculo gratuito. Cierto es que en ocasiones es el único que dice verdades como puños. Pero ha perdido el factor sorpresa, y no entiendo cómo los concursantes, absurdamente, suelen caer en el cabreo (le han llegado a llamar imbécil tras la gala) o incluso el llanto. Tomarse en serio a Risto es como tomarse en serio a Bill Cosby o a Robin Williams, así que no puedo entender que los concursantes se sientan realmente dolidos con las palabras de Mejide.
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